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miércoles, 10 de octubre de 2018

Diario de bitácora: creando mundos

¡Hola Todos!
Ha llegado el momento de seguir con mi particular diario de bitácora, hablándoos esta vez de mi segunda parte favorita de escribir una novela: la creación de mundos, más conocida como worldbuilding. ¡Vamos al lío!

¿Qué es lo que hace las novelas de Brandon Sanderson tan perfectas? ¿Por qué "Las Guerras del Loto" nos conquistó a pesar de la extraña narrativa que tenía? ¿Qué hace que todos quedemos atrapados en el Grishaverse cada vez que nos topamos con una historia de Leigh Bardugo? ¿Por qué todos sangramos y sufrimos con Darrow en "Amanecer Rojo"? Y sobre todo... ¿es que hay alguno de nosotros que no haya querido perderse en el Mundo Mágico?
Lo que tienen en común todas esas maravillosas historias es un worldbuilding absolutamente espectacular, un desarrollo del mundo de la novela tan completo y perfecto que el lector puede perderse en el sin ningún problema.
Sé bien que nada más ponerse a escribir lo que más nos llama la atención es la historia, la trama; nuestros personajes, que son como nuestros hijos literarios. Pero en mi humilde opinión (siempre hablo desde mi experiencia como escritora, ya sabéis), es mejor empezar a desarrollar el mundo antes de lanzarnos con la trama. El mundo (lo que rodea a nuestros personajes y sirve como marco para la trama) debe tener una coherencia interna y seguirla durante toda la historia, porque de lo contrario nos encontraremos con contradicciones continuas. El dejar el worldbuilding para el final puede hacer que tomemos decisiones sobre el mundo basándonos en lo que necesitamos, como autores, para que avance la trama; y eso acaba conduciendo irremediablemente a tremendos Deus Ex Machina (un elemento externo que resuelve una historia sin seguir su lógica interna) que tienen un efecto nefasto sobre la trama.
Esto, por supuesto, no significa que el worldbuilding deba crearse en el minuto 0 y no volver a tocarse nunca más. Como curiosidad, os diré que el universo de Crónica del Incendio lo creé antes de escribir la obra (la geografía, la organización en ciudades-estado, el gremio outsider, las leyes de la Ciudad Nueva...), pero durante el proceso de edición mi editor me animó a meter algunas cosas que se me habían ido ocurriendo a lo largo de los ocho años que dediqué a escribir la novela y que había descartado por temor a "enredar" las cosas; así aparecieron los árboles genéticamente modificados (los yggdrasil que tanto os han gustado), las minas de coltán, los Tratados entre ciudades-estado... Con esto quiero animaros a ser innovadores mientras escribís vuestra novela, pero siempre intentando conservar la chispa original de vuestro mundo. Si queréis evitar los Deus Ex Machina, estableced las leyes de vuestro mundo y mantenedlas a lo largo de toda la novela; dentro de eso, podréis añadir miles de detalles, ampliar ideas, modificar escenarios... sin caer en este desagradable recurso.
Quizá penséis que la creación de mundos no es igual de relevante en todos los géneros; y en esto tengo que daros la razón. Pero para eso tenemos que adentrarnos en la Teoría de los Mundos Posibles, que tenéis ampliada y bien desarrollada en esta entrada.
Hay varias clasificaciones de mundo, y todas las tenéis explicadas en la entrada que menciono. Por el bien de la coherencia de esta entrada, las resumiré aquí - a mí también me resulta muy molesto ir saltando de entrada en entrada para entender un post. Una novela puede alterar o simplemente eliminar algunas leyes físicas del mundo real (como en algunas obras de ciencia ficción, o más descaradamente la novela fantástica), o bien conservarlas y construir un mundo cercano o idéntico al real (como en el caso de la novela realista). Sabiendo esto, sencillamente se trata de definir qué alteramos o eliminamos, qué añadimos o creamos, y mantenerlo a lo largo de toda la novela. Aquí es donde el trabajo que hemos hecho durante la fase de documentación entra en juego, dándole a nuestro mundo era verosimilitud que buscamos. Desde luego, siempre se pueden hacer modificaciones o cambiar el mundo a medida que nos damos cuenta de cosas que quedarían mejor o peor, pero empezar la novela definiendo su mundo es normalmente una buena idea. Así evitamos contradicciones súbitas que "saquen" al lector de la historia.

Dicho todo esto, os voy a dar algunos consejos que a mí me han venido bien a la hora de crear mundos. Como ya sabréis muchos, tengo dos novelas publicadas - una de ficción intimista y otra de ciencia ficción -, pero esas no son mis dos únicas novelas escritas. Tengo cierta experiencia escribiendo también fantasía, aunque esas no las veréis hasta dentro de bastante tiempo...
¡Bien! Vamos allá con los consejos;
- Haz uso de todo lo que hayas recabado durante tu trabajo de documentación. Incluso si parecen cosas pequeñas e irrelevantes, quizá la historia más tarde te conduzca por senderos inexplorados... no te cortes a la hora de meter pequeñas cosas. Son las que más verosimilitud le dan a la historia, como en el caso de una de mis series favoritas, The Expanse; en ella la gravedad 0 aparece casi todo el tiempo, con cosas sencillas como botas que se anclan al suelo y hacen un sonido particular. Aunque apenas ocupa espacio narrativo, hace que el espectador sepa que estamos en el espacio.
- Hazte un pequeño esquema antes de empezar a escribir. Si tienes cierta habilidad chapucera haciendo dibujos (como es mi caso), haz un esbozo de mapa y asegúrate de mirarlo de vez en cuando; te evitará inverosimilitudes espacio-temporales *tosecilla* Juego de Tronos *tosecilla*
- Intenta mantener la coherencia de tu universo durante todo el libro. Incluso cuando hablamos de un mundo plano sostenido sobre elefantes a lomos de una tortuga es importante que tenga coherencia interna...

¡Y eso sería todo por hoy! Espero que os haya sido de ayuda y que creéis mundos maravillosos.

¡Mantened las espadas afiladas!

martes, 11 de septiembre de 2018

Diario de Bitácora: Enterrarse en libros

¡Hola Todos!
Siguiendo con mi particular diario de bitácora, creo que toca hablar de la que yo considero la segunda fase de la escritura de una novela, justo después de decidir qué queremos escribir: la documentación.

Una vez más, los que tengáis el dudoso placer de seguirme en Instagram recordaréis esta foto y el miniconsejo que os daba en ella. Ha llegado el momento de ampliarlo aquí... y ampliarlo bastante. ¡Vamos allá!
La documentación puede marcar la diferencia entre un gran libro y un libro mediocre. ¿Qué es lo que hace la obra de Leigh Bardugo tan maravillosa, incluso cuando los personajes no eran perfectos en su primera saga? ¿Qué hizo que "Sangre de Dioses y Reyes" hiciera aguas por todas partes? ¿Por qué "La Ladrona de Libros" nos partió el corazón a todos? ¿Por qué "Nevernight" es tan impresionante? Pues, entre muchas otras cosas... por el tremendo trabajo de documentación que llevaron a cabo sus autores.
Y aquí quiero empezar con una pequeña advertencia: el proceso de documentación es necesario para prácticamente cualquier novela, no se limita a las históricas. La documentación es siempre necesaria, a no ser que queramos hacer una tremenda chapuza. De verdad, voy a insistir mucho con esto: y voy a hacerlo porque últimamente veo infinidad de novelas (sobre todo juveniles) que adolecen de una flagrante y absoluta falta de documentación. Así que sentaos, coged un té o un aperitivo y preparaos para leerme en plan "profe".
Documentarse es necesario porque nuestro trabajo como escritores es transportar al lector al mundo del libro. Para eso crearemos un pacto ficcional entre autor y lector, un universo en el que ciertas leyes básicas serán cambiadas para adaptarse al libro - si queréis saber más sobre la teoría de los mundos posibles, haced clic aquí. Pero incluso dentro de ese pacto ficcional, el lector sigue siendo un individuo con una conciencia arraigada en el mundo real. Esto quiere decir que, por mucho que este lector acepte y quiera creer lo que el autor le cuenta, subconscientemente siempre sabrá que la realidad está ahí. Y a no ser que tratemos con niños muy jóvenes, acabará chocando irremediablemente con ella si el libro comienza a "hacer aguas", a perder verosimilitud de un modo inintencionado. 
Pongamos un ejemplo práctico: "Sangre de Dioses y Reyes", de Eleanor Herman. Un desastre literario como pocos he visto en mi vida, una novela que realmente sólo puede gustar a aquellos que no tengan la menor idea de quién fue Alejandro Magno o que quieran creerse muy fuerte las burradas históricas que la autora coloca en el libro. La autora nos presenta a Alejandro Magno, el ególatra conquistador, como un tullido humilde; a su padre como un tirano; y se inventa personajes continuamente, lo cual tiene cabida en una ficción histórica... siempre y cuando no se comporten de un modo tan incoherente como los suyos. La novela saca al lector de la ambientación una y otra vez, incluyendo cosas como diminutivos en una época en la que los nombres eran tremendamente importantes. Es un libro realmente malo que tiene una trama aburrida hasta la náusea y una construcción de personajes pésima, pero cuyo mayor fallo es de base: la documentación es nefasta.
Comparémoslo con otra ficción histórica que también se inventa totalmente a uno de sus personajes principales: "Hija de las Tinieblas", de Kiersten White. White le quita todo el protagonismo a Vlad Dracul para entregárselo a su ficticia hija Ladislav, una sanguinaria y determinada joven que no se parece gran cosa a las otras mujeres de su época. Pero la novela funciona, y funciona tremendamente bien, porque White nos presenta una recreación histórica magistral. Paisajes, costumbres, modos de hablar, eventos históricos... todo está cuidadosamente entretejido en el tapiz de la novela, de tal modo que cuando White nos aleja de la historia para hacernos creer que Lada Dracul fue real estamos ansiosos de creérnoslo.
¿Significa esto que la documentación solo es importante si tratamos con novela histórica? Realmente, no. He elegido estos ejemplos porque son muy claros, pero quizá algunos recordaréis que en mi reseña de "El día que sueñes con flores salvajes" me quejé enormemente de la nula documentación respecto a la cultura nativoamericana por parte de la autora. El libro hace aguas por todas partes y la falta de documentación es especialmente flagrante en él.
Si vas a plantar en tu novela un personaje de una cultura distinta a la tuya, necesitas documentación para no caer en un repulsivo paternalismo blanco; si vas a situar tu novela en un lugar que no conoces, necesitas documentación para no describirlo como si simplemente hubieras visto fotos en Google; si vas a meter un personaje con un trastorno mental o una enfermedad, necesitas documentación para no representar a esa gente de mala manera; si vas a crear un mundo fantástico con tres soles y tres lunas, necesitas documentación para saber cómo afectaría esa situación a tu planeta inventado; incluso en un caso tan sencillo como el de un personaje que tiene una profesión que no es la tuya... necesitas documentación.

¡Bien! Dada esta chapa, os voy a mencionar dos cosas que es muy importante tener en cuenta en este proceso:
- El tiempo que dedicas a documentarte, a buscar información y a empaparte de todo aquello que necesitas para escribir una buena novela, es escribir. Toda esa cantidad de trabajo hará tu novela mucho mejor y te ahorrará mucho tiempo en el futuro; y además, la hará mucho más atractiva para editoriales. Valora ese tiempo y siéntete satisfecho por tu trabajo bien hecho, porque es muy importante y además puede resultar tremendamente interesante, sobre todo si te gusta el tema del que estás escribiendo.
- La documentación jamás termina. Mientras sigas escribiendo tu novela seguirás descubriendo nuevas cosas, aprendiendo sobre hechos e información que querrás incluir. Siempre estará ese momento de "¿Esto sería así? Voy a comprobarlo...", y esos momentos darán mucha calidad a vuestra obra.

Y ahora... ¡unos consejillos sobre cómo documentarse! Desde lo que me funciona a mí, como escritora idiosincrática y sin promesa de que esto vaya a funcionarle a absolutamente todo el mundo, estas son mis recomendaciones:

- Inspírate. Lee todos los libros que puedas del tipo del que quieres escribir el tuyo. Si quieres escribir una novela de intrigas victorianas, lee novelas de intrigas victorianas y fíjate no sólo en la ambientación histórica, si no también en cómo están construidos los personajes; el tipo de lenguaje que se utiliza; cómo avanza la trama... todo ello te ayudará a escribir una novela más completa y consistente.
- Si tienes la oportunidad, intenta ver películas que tengan que ver con tu novela. Te ayudará muchísimo a la hora de sumergirte en la ambientación y a crear descripciones más vívidas, más intensas y creíbles.
- Usa Internet. Es una herramienta increíble con una gran cantidad de información disponible: pero asegúrate de filtrarla. No todo lo que está en la red es cierto, como ya sabrás...
- No dudes en utilizar bibliografía variada. Acude a la biblioteca, lee monografías que puedan servirte. Sí, esto se parece tremendamente a estudiar... pero, ¿desde cuando es un problema estudiar algo que nos encanta?
- Si tienes a tu disposición a personas que puedan hablarte de primera mano sobre el tema, no dudes en preguntarles. Muchas veces los profesores de Historia de institutos y universidades están encantados de echar una mano a alumnos que quieran escribir sobre su especialidad (cielos, yo lo estaría, y mucho...). Y además de esto, Internet puede ser de mucha ayuda una vez más.

¡Y eso sería todo por hoy! Espero que esta macroentrada os haya convencido de la importancia de una buena documentación, y que os pueda servir de ayuda a la hora de documentar vuestras propias novelas.

¡Mantened las espadas afiladas!

martes, 21 de agosto de 2018

Diario de bitácora: primer vuelo


¡Hola Todos!
Me apetecía empezar una nueva sección en el blog. Realmente no tengo un motivo concreto para ello; sencillamente se trata de algo que quería compartir con vosotros.
Como muchos sabréis, llevo escribiendo desde que era una niña. Nunca escribí con ambición, ni lo hice persiguiendo publicar o siquiera ser leída. Fue un paso natural, algo que siguió a mi pasión por la lectura. Del mismo modo que leer era para mí una segunda naturaleza, escribir se convirtió en una necesidad. Con el paso de los años, mi pasión por la palabra escrita se ha convertido en la única constante en mi vida; quise ser naturalista, artista, arqueóloga... y a día de hoy, la enseñanza es mi vocación.
Pero la escritura estuvo ahí todo el tiempo.
Quizá sea presuntuoso por mi parte, pero considero que estoy en condición de dar consejos sobre escritura. Sobre cómo enfrentar la hoja en blanco, cómo desarrollar nuestros personajes, nuestros mundos, nuestras tramas. Al fin y al cabo, es aquello que conozco mejor que a mí misma; y con dos novelas publicadas sin críticas negativas y muchos años de experiencia en el campo, creo que quizá pueda seros de ayuda.
¿Os animáis a uniros a este viaje?

Los que ya estéis familiarizados con mi cuenta de Instagram recordaréis esta foto y este consejo; sin embargo, creo conveniente repetirlo y ampliarlo aquí, teniendo más espacio para desarrollar las ideas. Lo iré haciendo con todos los consejos literarios que he dado hasta ahora, profundizando y explicando técnicas y modos para sacar adelante nuestras historias. ¡Espero que la idea os guste!
La cita de la foto es de Cyrill Conolly, y a día de hoy es mi lema personal: "es mejor escribir para uno mismo y no tener público, que escribir para el público y perderse a uno mismo" - con un poco de libre traducción, que conste.
Escribáis lo que escribáis, hacedlo porque os sale del corazón. Escribid algo que os apetezca, que os motive y que os llene; obviad al gran público, obviad las modas y los clichés exitosos. Si te pone de los nervios que haya un triángulo amoroso en todas las novelas juveniles, ¡sáltate esa supuesta norma! Si te pasa como a mí y odias el típico final de "chico y chica acaban juntos", ¡mándalo a la porra! Si lo que estás escribiendo no te gusta, jamás lo acabarás. Si lo que estás escribiendo te disgusta, te parece absurdo o incluso llegas a odiar a los personajes que deberían ser los más queridos, nunca disfrutarás de la escritura.
Aunque haya a quien esto le siente mal, siempre pongo el ejemplo de Victoria Aveyard, la autora de La Reina Roja. Es, con mucho, uno de los peores libros de juvenil que he leído, a absolutamente todos los niveles. Y lo es por un motivo claro, le pese a quien le pese:
"¿Por qué te limitaste a combinar todos los clichés de la literatura joven-adulto en La Reina Roja?
- Porque quería dinero rápido. No tenía ganas de pasarme años trabajando, esperando, con toda mi carrera pendiente de un solo proyecto en uno de los negocios más arriesgados que hay."
Sacado del Tumblr de la autora. Por supuesto, luego se justifica y explica más cosas, reconociendo que no hizo bien su trabajo - lo que, desde mi punto de vista, la honra. Pero obviamente, aquí Victoria Aveyard no estaba escribiendo el libro de sus sueños, sino escribiendo para el gran público, para conseguir éxito y reconocimiento. Y lo ha conseguido: tiene un best-seller peor que pésimo. Veremos si con los años puede sentirse orgullosa de lo que ha creado...

Cuando vayáis escribir, cuando estéis a punto de empezar esa novela con la que lleváis soñando años, pensad por un momento en qué os gustaría leer a vosotros. Con qué disfrutaría el ávido lector que lleváis dentro, qué cosas os hacen vibrar cuando estáis leyendo un libro. Escucháos, porque sois las personas que más veces van a leer vuestra novela. Y creedme, revisar una y otra vez un libro que no os gusta puede ser el peor de los castigos.
Más tarde hablaremos del lector real y el lector ideal, y muchas otras cosas que deberéis tener en cuenta cuando estéis revisando borradores. Pero por ahora, basta con esto: escribid la historia que vosotros querríais leer. Escribid desde el corazón, y tocaréis el corazón de muchos otros.

Y eso sería todo por hoy. ¡Mantened las espadas afiladas!