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lunes, 3 de diciembre de 2018

"Fuego y Sangre", George R. R. Martin

¡Hola Todos!
Como quizá muchos ya sabréis, el mundo que creó George R. R. Martin en su novela río "Canción de Hielo y Fuego" es uno de mis favoritos. Nunca me canso de explorar Poniente, de aprender más sobre su historia... y precisamente por eso estaba deseando leer este libro. ¡Vamos a hablar un poco de él!

Título: Fuego y Sangre
Autor: George R. R. Martin
Género: Fantástico
Editorial: Plaza & Janés
Título original: Fire and Blood
Nº de páginas: 880
Valoración: 

"La fascinante historia de los Targaryen, la dinastía que reinó en Poniente trescientos años antes del inicio «Canción de hielo y fuego», narrada por el archimaestre Gyldalyn, de la Ciudadela de Antigua."

La verdad es que tenía muchísimas ganas de echar mano a este libro, dado que los Targaryen son una de mis Casas favoritas del universo ponienti, y sin duda una de las que más me han fascinado desde el principio. Si bien este libro no tiene nada de novela, nos permite conocer mejor a algunos de los personajes del legendario y la historia de Canción de Hielo y Fuego, lo que encuentro muy interesante. Siempre me ha gustado leer libros de historia y este es ni más ni menos que eso: una recopilación histórica, supuestamente escrita por un maestre de la Ciudadela. Desde luego, al ser historia pura el estilo es más bien denso y lento, lo que en ocasiones ralentiza el ritmo de lectura. Aún así, las historias que se nos narran resultan a la vez sorprendentes y amenas, aunque mucho de lo que se cuenta en este libro ya se sabía - yo lo había aprendido viendo los vídeos de un youtuber, Kai47, no os digo más...

En definitiva, no es un libro que recomiende a todo el mundo. Los fanáticos de Canción de Hielo y Fuego seguramente lo disfruten, mientras que los forofos de la serie "Juego de Tronos" quizá lo encuentren decepcionante. A mí me ha encantado a casi todos los niveles, sobre todo porque por primera vez en mucho tiempo, me daba la sensación de que el autor del libro había disfrutado realmente escribiéndolo...

viernes, 23 de noviembre de 2018

"Tumba de Dioses", Jay Kristoff

¡Hola Todos!
Hoy quiero hablaros de mi última obsesión lectora... y no digo más, porque no creo que este libro necesite presentación. ¡Vamos a ello!

Título: Tumba de Dioses
Autor: Jay Kristoff
Género: Fantástico
Editorial: Fantascy
Título original: Godsgrave
Nº de páginas: 560
Valoración: 

"Mia Corvere ha encontrado su lugar en la Iglesia Roja, la famosa escuela de asesinos. La joven se halla entre los elegidos de la Señora del Bendito Asesinato, aunque muchos creen que no lo merece. 
Mia juró venganza pero aún no ha cumplido su palabra. Cuando sospecha que la propia Iglesia está impidiendo que acabe con el hombre que mató a su familia, se vende a sí misma a un reclutador de gladiadores para poder enfrentarse a él..."

Lo mejor: este libro es algo realmente peculiar.
No es habitual que una secuela mejore a su precuela. Por lo general, la falta de novedad hace perder frescura, y los acontecimientos no suelen ser del todo del agrado de los fans más acérrimos. Pero este libro es una maravilla, de principio a fin.
El mundo de Itreya no sólo sigue estando maravillosamente bien construido en esta novela, sino que se amplía y aumenta conservando totalmente su coherencia interna, mostrándonos nuevos matices de la República. Además de eso, algunos de esos nuevos descubrimientos son compartidos con la protagonista; lector y ¿heroína? avanzan juntos por las entrañas de la sociedad itreyana, sorprendiéndose y aterrándose a partes iguales.
El desarrollo de personajes sigue siendo impecable; tanto Mia Corvere como todo su elenco de secundarios evolucionan de un modo delicioso, y sin perjudicar para nada la trama. Destaco especialmente a Don Majo y a Eclipse, que no pierden un segundo para mostrarnos lo maravillosamente complejos que los daimones pueden llegar a ser.
Y por último, la trama. Qué maldita locura de trama. ¿Gladiadores y ludus, en el mundo de los tres soles? Sí, gracias. Póngame siete.

Lo peor: Kristoff tiene tendencia a pecar siempre de lo mismo, y este libro no es una excepción. Escribe de un modo un poco demasiado denso, muy florido y rimbombante. Para mí eso es un añadido a la ambientación, pero es cierto que en ocasiones se puede hacer un poquitín pesado.

lunes, 17 de septiembre de 2018

"Amanecer Rojo", Pierce Brown

¡Hola Todos!
Hoy os quiero hablar de un libro con el que topé en la biblioteca municipal de Valladolid y que, como llevaba muchísimo tiempo en mi lista, me decidí a leer. Y cielos, cómo me alegro de haberlo hecho. ¡Vamos allá!

Título: Amanecer Rojo
Autor: Pierce Brown
Género: Ciencia Ficción Juvenil
Editorial: RBA Molino
Título original: Red Rising
Nº de páginas: 542
Valoración: 

"Estrategia. Fuerza. Amor. Traición. 

Ideas como libertad o igualdad murieron junto con la Tierra.

Ahora, en Marte, el equilibrio se sustenta en un férreo sistema de castas representadas por colores. Para acceder a la élite de los gobernantes, los dorados deben ganarse su puesto en una contienda implacable. 
Pero Darrow no es un dorado. Es un rojo, forjado en las entrañas del infierno. Afilado por el odio. Fortalecido por el amor. Para sobrevivir, debe ocultar su verdad. Sin olvidar que cada muerte, cada paso de la contienda, es por la libertad. 
Y con una idea fija en la mente: no convertirse en uno de ellos, pase lo que pase. En un mundo de oscuridad, un rojo amanecerá dorado."

Lo mejor: ¿Romanos en Marte? Sí, por favor.
El worldbuilding de esta novela es, con mucho, lo mejor que he leído en la Ciencia Ficción juvenil en los últimos años. De veras; hacía muchísimo tiempo que tenía ganas de leer algo como esto, y ni siquiera lo sabía. La sociedad que nos plantea Pierce Brown es tan compleja y está tan bien cohesionada que se siente real, como si estuviéramos leyendo una crónica real. La inspiración romana es tan clara como bien llevada; da gusto leer esta novela. Es maravilloso, de veras.
   La trama, que al principio podría parecer la típica trama de rebelión, es mucho más intrincada que eso. Es absolutamente brillante, desarrollada de un modo orgánico y fluído que te hace acompañar a Darrow en cada giro de los acontecimientos. Lloré con el dolor de Darrow, perdí el aliento en cada revelación, sangré en cada batalla. Es un libro como hacía años que no leía uno y estoy encantada.
   Por último, la construcción de personajes es absolutamente maravillosa. Ver evolucionar a Darrow es maravilloso; dudar de Sevro, encariñarse con Pax, enamorarse de Mustang... todo sale natural, porque todos los personajes parecen estar vivos. Es una novela maravillosa en prácticamente todos los aspectos.
Lo peor: que solo saqué el primero de la biblioteca. Ahora tengo que esperar por los siguientes, ¡aaaargh!

"- Nadie entiende el juego porque nadie sabe las reglas. Nadie sigue el mismo conjunto de reglas. Es como la vida misma. Algunos creen que el honor es universal. Algunos creen que las leyes son obligatorias. Otros son más sensatos. Pero, al final, ¿no es verdad eso de que quien a hierro mata a hierro muere?
Me encojo de hombros.
- En los libros. En la vida no suele quedar nadie que los mate después."
Pierce Brown, Amanecer Rojo, 2014 (pg. 425) 

martes, 28 de agosto de 2018

"Hija de las Tinieblas", Kiersten White

¡Hola Todos!
Hoy quiero hablaros de un libro que me recomendó @bibliophilewitch y que me ha gustado muchísimo, hasta el punto de ir leyéndolo muy despacito para poder saborear bien ambientación, trama y personajes. Os comento ya que, en lo que a la traducción al español se refiere, el título tiene muy poquito que ver (de And I Darken hemos pasado a "Hija de las Tinieblas", que está muy muy poco relacionado) así que temo por la traducción del libro. Como ya viene siendo costumbre, he elegido leerlo en versión original; además, siendo superficial... las portadas de la edición en inglés que tengo yo me parecen mucho más bonitas. También he elegido conservar la sinopsis original, en lugar de la traducción; me parece mucho más... interesante. ¡Vamos a ello!


Título: Hija de las Tinieblas
Autor: Kiersten White
Género: Ficción Histórica
Editorial: Corgi
Título original: And I Darken
Nº de páginas: 475
Valoración: 

"Lada tenía instinto para el poder -
una princesa como no has conocido ninguna;
la crueldad es la clave de su supervivencia.
los finos hilos que conectaban a todos los que la rodeaban,
su hermano Radu es todo lo que ella no es;
hermoso, introspectivo y delicado.
el modo en el que esos hilos podían ser agarrados, estirados,
En un primer momento, Lada piensa que Mehmed es su enemigo. Es, después de todo, el hijo del sultán que la mantiene prisionera.
enredados en torno a alguien hasta que cortaban el riego sanguíneo.
Las vidas de los tres se mantienen en equilibrio en el filo de un cuchillo, y los lazos que los unen serán estirados hasta que no aguanten más.
O romperse del todo."

Lo mejor: sin duda, lo mejor que tiene este libro son los personajes. Lada, Radu y Mehmed son tres personajes tan bien definidos y tridimensionales que puedes llegar a percibirlos como personas reales. Sus motivaciones, sus virtudes y sus defectos, sus sueños, las cosas que los avergüenzan... todo ello está tan cuidadosamente desarrollado que no hay un solo momento en que estos tres amigos no parezcan estar vivos. La diversidad entre ellos también es muy interesante, y el modo en el que los roles de Lada y Radu se intercambian me parece sencillamente magistral.
Otro punto a favor de este libro es la ambientación. Es una ficción histórica, es decir, los hechos que aquí se describen no tuvieron lugar en realidad. No obstante, la autora se ha documentado exhaustivamente, haciendo una descripción cuidadosa tanto de las ciudades de Europa del Este donde nacieron y crecieron Lada y Radu como de las urbes del Imperio Otomano, del que Mehmed es tercero en la línea de sucesión. Ropajes, comportamientos y paisajes están perfectamente descritos, junto con las religiones de la época. El Islam está explicado cuidadosamente, y nos muestra diversos puntos de vista de este (más radicales, más relajados, más introspectivos y más exhuberantes); el cristianismo ortodoxo no aparece tan representado, quizá sencillamente porque a Lada le da exactamente lo mismo la religión.

Lo peor: este libro me ha encantado (ya tengo compradas y en camino la segunda y la tercera parte, no os digo más), así que no puedo decir mucho malo de él. Quizá lo peor sea la irregularidad de la trama; si bien es interesante, en ocasiones se puede hacer un poco lenta. Y bueno, entiendo que es ficción, pero que el libro esté listado como "fantasía" me parece un poco extremo; aquí no encontraréis magia, ni caballeros ni dragones. Solo una princesa como nunca conoceréis otra.

En definitiva, And I Darken es un libro que recomiendo muchísimo a los aficionados a la novela histórica tirando a juvenil y un poco más "libre", y a todos aquellos que quieran iniciarse en el género de la ficción histórica.
‘‘The price of living seems to always be death.’’
‘‘And that is why you become a dealer of death. You feed death as many people as you can to keep it full and content so its eye stays off you.’’

viernes, 11 de mayo de 2018

Antes del Incendio | Luna Riversong

Hola Todos!
Antes de nada, quiero deciros que por algún motivo blogger no me deja responder a los comentarios que dejáis en las entradas. Me da muchísima rabia, pero no sé cómo solucionarlo porque nunca antes me había pasado.
Hoy nos toca la última entrada de la serie de relatos previa a mi novela "Crónica del Incendio". "Antes del Incendio" es una serie de cinco relatos protagonizados por cinco de los personajes de la historia. Todos tienen lugar antes de los eventos que se narran en "Crónica del Incendio"; este en concreto tiene lugar cinco meses antes de que empiece el libro. Como ya os he comentado alguna vez, Luna es una de las dos narradoras principales de la novela, y un personaje entrañable tanto por su inocencia como por su juventud. Espero que le deis mucho cariño.
La ilustración, como siempre, viene de la mano de Jota Ilustrador y como ya nos tiene acostumbrados, es absolutamente magnífica y representa genial a Luna.
¡Espero que os guste!

Luna Riversong

Ciudad Nueva


Cuando el autobús del Transporte de Industrias deja atrás la última fábrica y entra traqueteando en el gueto, ya es de noche. Suspiro, rezando por poder llegar a casa antes de que comience el toque de queda. Salir de clase tarde no supone un problema para los señoritos del Centro, pero es algo muy diferente para mí. No es solo que en mi “distrito” no haya un alumbrado decente en las calles, sino que tampoco es muy seguro recorrerlas de noche.

Me bajo del autobús y comienzo a caminar a paso rápido por las calles de tierra apisonada. El gueto consiste en una amalgama de edificios bajos y achaparrados con paredes de materiales diversos, techos planos con paneles solares y suelos de tierra prensada. Esas son las casas “oficiales”, las viviendas prefabricadas que te asigna el Gobierno si eres un ciudadano de provecho. Pero entre ellas proliferan las chabolas, refugios mal construidos en los que malviven todos aquellos que no tienen cabida en la ordenada vida del sistema. Como los niños abandonados o huérfanos. O aquellos que no quieran ser vistos por las cámaras que hay instaladas en todas las casas, como las prostitutas y los criminales de poca monta.

De no ser por mi madre, seguramente acabaría viviendo en una de ellas.
Sólo de pensarlo aprieto el paso, tratando de llegar a casa lo antes posible. No queda mucho para las diez de la noche, cuando se activará el toque de queda y se cortará la luz eléctrica en el gueto. La única iluminación que habrá será el resplandor de las luces del Centro. No querría caminar casi a oscuras por las callejas del gueto ni por todo el dinero del mundo.
Por suerte, mi casa no está demasiado lejos de la parada del autobús. El alivio recorre mi espina dorsal cuando llamo a la puerta con dos golpes secos, tal y como mi madre y yo acordamos hace años.
Pero nadie acude a abrirme.
–¿Mamá? –llamo en voz baja, insegura– ¿Mamá, estás en casa?
El silencio es la única respuesta que recibo, así que me acerco a una de las ventanas de nuestra pequeña casa. Miro por uno de los agujeros que ha hecho la lluvia ácida en la contraventana de chapa. A través de la raída cortina hecha de tela de ropa vieja, puedo ver que yace en el suelo, completamente inmóvil.
–Joder –murmuro, procurando no alzar la voz mientras busco el juego de llaves de emergencia que llevo en mi bolsa–. Ya voy, ya voy…
Pero cuando meto la llave en la cerradura no puedo evitar mascullar otra maldición en voz más alta, a punto de llorar. Mi madre ha metido su propia llave desde el lado interior de la cerradura. Es algo que solemos hacer para evitar que nadie pueda entrar en nuestra casa cuando estamos nosotras dentro.
Vuelvo a la ventana y trato de distinguir si mi madre está consciente, pero mirando los los agujeros de la chapa y con las cortinas echadas no consigo distinguirlo. La enfermedad le ha creado cierta sensibilidad a la luz, así que solo hay una pequeña lámpara encendida en una esquina del cuarto. Me parece que tiene los ojos cerrados y su piel está cubierta por una fina pátina de sudor. Creo que está viva, pero, ¿cuánto durará si no logro ayudarla? Y aun en el caso de que logre entrar en casa, ¿qué voy a hacer?
Me dejo caer de rodillas en el suelo, a punto de sufrir un ataque de ansiedad. Mi madre está ahí, apenas a dos metros de mí y no puedo ayudarla… ¿De qué sirven todas las jodidas cámaras en las casas si nadie va a enviar ayuda cuando alguien cae enfermo?
No puedo sucumbir al pánico. Tengo que entrar y luego, si aún no ha empezado el toque de queda, podría intentar contactar con Soren. Aunque solo sea un estudiante sé que va a ser un gran médico, y si no, sus padres son farmacéuticos… Podrían ayudar. Sí, esa es una idea que podría funcionar. Me pongo en pie y me encaro con la puerta cerrada, tratando de pensar rápido. Lo único que me viene a la mente es otra explosión de rabia y frustración, así que embisto la puerta con el hombro derecho.
Me hago tantísimo daño que casi me parece que el crujido que oigo viene de mis huesos, pero la grieta vertical que aparece en la puerta de aglomerado me hace darme cuenta de que no es mi hombro lo que se ha roto. Por una vez, el hecho de que nuestras casas estén construidas con los peores materiales posibles parece útil, así que aprieto los dientes y me lanzo otra vez contra la puerta.
La tercera vez que la embisto aterrizo en el suelo de nuestra pequeña casa, en medio de una lluvia de astillas, mordiéndome el lado interior de la mejilla derecha al caer. Se me escapa un gemido entre dientes.
–¿Mamá? –gimoteo, acercándome a ella sin levantarme del todo.
Mi madre tiene la piel oscura como el caramelo, un tono tostado no mucho más oscuro que mi propia piel, aunque en las mejillas y los dedos que le quedan parece muy enrojecida. Tiene un sarpullido enorme en la cara interna del antebrazo izquierdo, uno que no tenía esta mañana cuando me fui.
–¿Mamá? –digo dubitativa, tocándole la frente y apartando los encanecidos mechones de su rostro. Su cabello solía ser como el mío, liso y tan negro como la tinta, pero la mayor parte se le ha ido cayendo en los últimos meses y lo que le queda está grisáceo y encrespado– ¿Mamá, me oyes?
Los párpados de mi madre aletean suavemente, pero no abre los ojos.
–¿Luna?
Me siento tan aliviada que quiero romper a reír.
–Soy yo, mamá –digo, tratando de no alzar la voz para no atraer curiosos indeseados–. Te has desmayado. Voy a llamar a Soren, mi amigo el médico, y…
En ese momento, la pequeña lámpara que era nuestra única luz se apaga de golpe. Siento tantas ganas de gritar que casi no puedo contenerme, así que en vez de eso rompo a llorar. Querría pedir ayuda, a alguien, a quien sea, pero desde el principio mamá y yo hemos estado solas. En cierto modo aisladas incluso del resto de los habitantes del gueto.
No tengo a nadie a quien recurrir aquí.
–Lo siento.
El susurro de mi madre es tan tenue que apenas lo oigo. En medio de la casi completa oscuridad que caracteriza al gueto durante la noche, cuando pretenden obligarnos a dormir con los cortes de luz, me parece ver el reflejo de la escasa luz exterior en un ojo abierto.
–Lo siento –repite mi madre en un ronco susurro, y no puedo dejar de maldecir la enfermedad que le ha robado hasta la voz–. Siento irme así. Hay cosas que debería haberte contado…
–No te vas a morir, mamá –murmuro entre lágrimas, porque no puedo asumir algo así, sencillamente no puedo. Mi madre es prácticamente mi vida. Mi madre es todo mi mundo–. Mamá, aguanta hasta mañana, Soren…
–Luna –me interrumpe mi madre, y noto como respira otra vez entrecortadamente.
A tientas, le tomo el pulso con los dedos, como si realmente supiera lo que estoy haciendo. Noto que los latidos de su corazón son como un reloj desacompasado, se aceleran y se interrumpen en una sinfonía dislocada que no augura nada bueno.
Las taquicardias son un síntoma más de su enfermedad, pero hasta ahora, en todos los años que mamá lleva aguantando, no habían durado tanto.
Y de pronto, todo se queda en silencio.
Aprieto los dedos contra su cuello con todas mis fuerzas, tratando de captar algo, lo que sea; pero bajo la piel aún cálida no hay latidos. El aire de mi casa parece estático. Solo unos sollozos histéricos rompen el atronador silencio.
Sé que no debería hacer ruido, pero no puedo dejar de llorar. No me importa que alguien vea la puerta rota, me oiga y venga a por mí. Solo me importa el cuerpo que ya no es mi madre enfriándose en el suelo, a mi lado; el vacío que ha dejado en mi vida y que ya nunca podré llenar. Sollozo y siento que no puedo respirar. Me duelen la garganta y los ojos, me duele… me duele todo.
No puedo más.
–Mamá…
¿Tienes ganas de más? Averigua cómo hacerte con la novela aquí.

martes, 8 de mayo de 2018

"Crónica del Incendio", M. Gumiel

¡Hola Todos!
Bueno, finalmente ha pasado... ¡Crónica del Incendio ya está a la venta! Ha sido un viaje intenso, pero considero que ha valido mucho la pena.

(¡Psssst! Si no sabes de qué va esto o quieres asegurarte de que el libro te va a gustar antes de pagar por él, puedes leer las historias previas aquí.)

Como muchos ya sabréis, "Crónica del Incendio" es una novela... bueno, digamos que yo quería que fuera juvenil, pero posiblemente sea más "new adult" o "joven adulto". Es una novela que abunda en la psicología de sus personajes, en las consecuencias que la guerra, las drogas y la pérdida tienen en la gente... es una novela sencilla de leer a nivel estilístico (como ya habréis notado por los relatos previos), pero compleja a nivel de trama, personajes y escenarios. Ante todo, es una novela de aventuras.

Por ahora solo estará a la venta online; esto es así por mi ya archiconocida ambición de hacer la literatura lo más asequible posible. Como podréis ver, los precios no son precisamente altos ;) Los enlaces de compra son los siguientes (clicad sobre los tipos):

📚 Tapa blanda (485 páginas, incluye mapa, 9'95 €)
📚 Tapa dura (610 páginas, incluye mapa, los relatos "Antes del Incendio", biografía de la autora y sinopsis de la segunda parte, 21'95 €)

Las dos ediciones incluyen filigranas en los números de página y los separadores e inicios de capítulo especiales. Si queréis cotillearlas, no tenéis más que clicar en "vista previa" y encontraréis disponibles gratuitamente el primer capítulo y el prólogo de ambas versiones :)

La editorial con la que trabajo (Lulu) suele activar cada muy poco tiempo distintos códigos de descuento, con los que o los libros o los envíos salen más baratos o incluso gratis. El código activo  ahora mismo en España (Europa en general) es ONESHIP, que ofrece dos opciones de envío:

- Correo ordinario gratuito: es totalmente gratis, pero tened en cuenta que tarda más o menos lo mismo que  un envío bookdepository en llegar (de tres semanas a un mes) dado que usan el mismo sistema. Aún no he sabido de nadie a quien no le haya llegado este tipo de envío, aunque sé que a mucha gente el no tener rastreo le da un poquito de ansiedad.
- Envío de UPS a mitad de precio: sale por entre 5 y 6 euros, y tendréis los libros en casa en unos diez días. Es la opción que suelo recomendar yo.

El código estará activo hasta el 7 de marzo.

Si necesitáis ayuda a la hora de comprar los libros o necesitáis preguntar algo, tenéis que ir aquí y escribirles hablando del problema que tengáis. Por favor, si los envíos no os llegan o algo está en mal estado, no me escribáis a mí, ¡yo no puedo hacer nada! :( Escribid a la editorial, ellos lo solucionarán todo :)

Os dejo aquí la sinopsis del libro, por si se os ha olvidado ;)


Año 2117. Tras pasar por la Tercera Guerra Mundial, un desastre nuclear y una crecida catastrófica del nivel de los océanos, el planeta Tierra parece haber alcanzado un periodo de calma. Los pocos miles de humanos supervivientes se organizan en ciudades-estado dispersas, tratando de sobrevivir sin agotar los escasos recursos que les quedan.
En la Ciudad Nueva, Luna Riversong, una estudiante huérfana de diecisiete años nacida en el gueto, lucha por seguir adelante en la Ciudad Nueva, donde cada segundo de su vida es grabado y analizado por cámaras de vigilancia.
Mientras agacha la cabeza y trata de abrirse paso en un mundo al que muchos consideran que no pertenece, la rebelión comienza a fraguarse en su entorno... y en el corazón de Luna.
Al otro lado del mundo, en la helada tierra de Vinland, Willow Wannamaker lucha en una guerra sin cuartel. Criada en las calles, sin pistas sobre sus orígenes y entrenada como asesina a sueldo, Willow no se detendrá ante nada con tal de sobrevivir a cada nueva batalla... o de volver junto al amante que dejó atrás.
A través de los ojos de ambas nos asomaremos a un futuro incierto, oscuro y despiadado.
Un futuro a punto de arder.


Y eso sería todo. ¡Espero que os guste!

¡Mantened las espadas afiladas!

viernes, 4 de mayo de 2018

Antes del Incendio | Helios Peace

¡Hola Todos!
Hoy nos toca la cuarta entrada de la serie de relatos previa a mi novela "Crónica del Incendio". "Antes del Incendio" es una serie de cinco relatos protagonizados por cinco de los personajes de la historia. Todos tienen lugar antes de los eventos que se narran en "Crónica del Incendio"; este tiene lugar ocho meses antes de que empiece el libro. Helios es uno de los personajes que más peso tiene en la novela, por diversos motivos; aunque este es el único capítulo en el que "oiréis su voz".
La ilustración, como siempre, viene de la mano de Jota Ilustrador y como de costumbre es exactamente como imaginaba a Helios.
¡Espero que os guste!

Helios Peace

Ciudad Nueva


El barullo en el comedor de la Universidad es impresionante. Francamente, me sorprende que siendo poco más de doscientos alumnos entre todas las especialidades se las puedan apañar para hacer tantísimo ruido. Aunque claro, muchos de los alumnos son del Segundo Distrito. Allí no reciben el mismo tipo de educación en conductas sociales que recibimos aquí en el Centro. Supongo que su actitud es disculpable.

–¿Qué lees, Helios? –me pregunta Héctor, sacándome de mis divagaciones al sentarse a mi lado.
–En realidad nada, con este jaleo no puedo centrarme –respondo, apartando a un lado el prometedor artículo de la Dra. Augustine que estaba intentando leer. Aunque las publicaciones científicas lleguen a la Ciudad Nueva con años de retraso, siempre que logro hacerme con una la leo–. ¿Qué tienes tú ahí?
–Hmm, nada, materiales para la clase de Urbanismo Social –responde Héctor tendiéndome un par de detallados mapas de nuestra ciudad–. A ver si adivino; hoy tampoco has hecho los deberes.
Me encojo de hombros con un suspiro. Lo de que estudiase Ciencias Políticas fue idea de mi padre, no mía, así que supongo que no se me puede culpar si hacer los absurdos trabajos que nos mandan casi a diario me parece más bien poco interesante.
–¿Había que entregar algo? –pregunto sin embargo, porque lidiar con la ira de mi padre tampoco me apetece.
Héctor niega con la cabeza con una media sonrisa.
–Era la preparación para la excursión de esta tarde al gueto –me explica, antes de corregirse al verme alzar una ceja–. Bueno, para el estudio de campo. ¿Te hago un resumen rápido?
–Creo que conozco de sobra la distribución de la Ciudad Nueva –replico con sorna mientras observo los detallados mapas que Héctor ha extendido sobre la mesa.
Nuestra ciudad esta hermosamente diseñada para tener la forma de un círculo perfecto. En el centro de este se encuentra nuestro distrito: el Primer Distrito, aunque por motivos obvios todos lo llamamos el Centro. Dibujando un semicírculo en uno de sus lados está el Segundo Distrito, donde viven los trabajadores cualificados que tienen sus empleos en el Centro y las Fábricas. Formando otro semicírculo enfrente de este se encuentran las Fábricas, con la procesadora de coltán ocupando un lugar eminente entre estas.
Y en el lado exterior de las fábricas se encuentra el Tercer Distrito, donde vive la mano de obra de las fábricas. Son trabajadores sin ningún tipo de formación específica, fuerza de trabajo analfabeta. Muchos llaman al Tercer Distrito “el gueto”.
–Tú sabrás, Helios –me responde Héctor encogiéndose de hombros–. Creo que sería interesante que le echases un vistazo al Plan de Urbanismo Social, la distribución de viviendas en el Tercer Distrito…
Pongo los ojos en blanco con un suspiro.
–Ya sé qué hay en ese plan, Héctor –digo con tono de agotamiento antes de empezar a citar de memoria–. “El Gobierno asignará viviendas a los trabajadores de las fábricas dependiendo de la carga familiar de estos y del número de miembros útiles con los que cuente la estructura familiar. Los cambios en la estructura familiar conllevarán cambios de residencia inmediatos a decisión del Ministro del Tercer Distrito. Aquellos que no cuenten con trabajo ni familiares trabajadores…”
–Vale, vale –me corta mi compañero con una risilla–. Voy a hacer una excursión preliminar al gueto, para enterarme mejor cuando vayamos esta tarde. Total, no tengo nada que hacer en la hora libre –dice, con una sonrisa alegre–. ¿Te vienes?
Le dedico una mirada pensativa al artículo de Augustine que he dejado sobre la mesa, algo sobre la creación de una planta transgénica que se alimente de NO2 o SO2 o algo por el estilo. De cualquier modo, el artículo tiene ya varios años, que tarde unas horas más en leérmelo no va a cambiar nada.
–Vale, vamos –respondo sonriendo–. Quizá de esta consigas impresionar al profesor Fabra de una vez, ¿eh?
–Ni lo sugieras –murmura Héctor mientras recoge sus mapas, cabizbajo.
Cualquiera diría que ser hijo del profesor daría algún tipo de ventaja, pero el padre de Héctor es más exigente con su hijo que con ningún otro alumno de sus clases.
Salimos al exterior del campus y cogemos nuestras bicicletas. Debido al Tratado de Emisiones, hay un número máximo de veces que podemos usar cualquier transporte a motor por semana, aunque yo siempre intento evitar usarlo. Héctor tampoco lo usa mucho, porque detesta la idea de contaminar aún más el mundo tanto como yo.
Tenemos que pasar un par de controles de seguridad para cruzar la zona de las Fábricas. En cada uno de ellos los Agentes del Orden, ufanos en sus uniformes blancos, nos dan el alto. Sin embargo, saben distinguir a un habitante del Centro cuando lo ven y no nos hacen demasiadas preguntas ni nos impiden el paso, aunque cruzan miradas significativas.
–¿Por qué demonios les molesta tanto que vayamos al gueto? –escupo, cuando cruzamos el último control y nos acercamos a la verja que separa la zona de las Fábricas del gueto.
–Y qué más da –replica Héctor encogiéndose de hombros–. Dejemos aquí las bicicletas. Ten, ponte esto.
Mi amigo me tiende una especie de chaqueta negra de una tela que brilla de modo extraño.
–¿Qué demonios es eso?
–El uniforme del gueto, idiota –responde poniendo los ojos en blanco–. Los que tienen autorización para ir más allá de las Fábricas pueden llevar otro tipo de ropa. En caso contrario, tienen que llevar esto. ¿Es que no has leído nada de lo que nos mandó mi padre?
–No –respondo mientras cojo la chaqueta–. El Plan de Urbanismo Social ya lo había leído y el resto me dio pereza. ¿Por qué narices tenemos que ponernos esto?
–Porque debe haber como diez personas en todo el gueto que tienen permitido ir más allá de las fábricas y estoy seguro de que todos los conocen. ¿Quieres ir por ahí con una diana en la espalda o qué? –me explica Héctor con tono exasperado.
–No se atreverían a tocarnos.
–Bueno, yo no voy a arriesgarme –masculla él mientras se abrocha la chaqueta hasta el cuello y se pone la capucha–. ¿Listo?
–Listo –respondo poniéndome también la chaqueta.
Dejamos atrás las bicicletas y cruzamos la verja con cautela. Nada más dejar atrás la verja, el asfalto termina y comienza un suelo de tierra aplastada por los años de gente pisándola, sin rastro de vegetación. La primera línea de viviendas comienza unos metros más allá, y frunzo el ceño sin poder evitarlo.
–¿Esas son chabolas o casas oficiales?
Héctor las escudriña también, pensativo.
–Parecen casas oficiales. Si te fijas están alineadas y tienen más o menos el mismo tamaño. Creo que son las viviendas para familias de un solo individuo, las bipersonales estarán detrás –me explica, pero parece tan sorprendido como yo por el terrible aspecto de las casas oficiales.
–¿Cuántos tamaños de casa hay? –sigo preguntando mientras nos acercamos más.
Las paredes parecen endebles, como hechas de planchas de aglomerado o quizá de yeso sin ladrillos. Los techos son muy bajos y totalmente planos. Las ventanas están cubiertas con contraventanas de chapa y todas las puertas están cerradas. Un crío pelirrojo sale corriendo al vernos acercarnos.
–Creo que hay viviendas unipersonales, bipersonales y luego ya para familias de cuatro miembros en adelante. Lo que cambia es el tamaño de la habitación y el número de camas, me parece.
–¿La habitación? –repito, sorprendido.
–Las casas tienen una sola habitación donde está la cocina, el baño y el dormitorio, y el ordenador con conexión a la Red si la familia se lo ha ganado o lo necesita –recita Héctor con una expresión extraña–. Es para fomentar la socialización de esta gente… Para que pasen tiempo unos con otros…
A medida que avanzamos por las calles de tierra apisonada nos cruzamos con algunos habitantes del gueto; no muchos, la mayoría están trabajando en las fábricas ahora mismo. Pero todos los que deambulan por las calles tienen el mismo aspecto: caras sucias, dientes podridos y ojos inyectados en sangre. Todos tienen los labios agrietados y resecos, y parecen tremendamente delgados.
–No sé si querría pasar tiempo con esta gente –murmuro, entre aprensivo y espantado–. ¿No se pueden mejorar sus condiciones de vida?
Héctor sacude la cabeza y me doy cuenta de que está tan espantado como yo. Entre las viviendas oficiales proliferan las chabolas, la mayoría construidas con plásticos y cartones. ¿No se supone que el Gobierno da casa a todo el mundo?
–Esto no es lo que esperaba, Helios –dice, mirando a su alrededor con aire de profunda lástima–. He hablado con alumnos que hicieron esta excursión el año pasado… Nada de lo que me han contado se parece a esto.
–Vámonos –murmuro, incapaz de seguir viendo a esta gente desnutrida y deshidratada, sin poder hacer nada por ayudarlos. Sabía que la situación era muy distinta a la que se sabe oficialmente, llevo años sabiéndolo. Pero nunca creí que las cosas hubieran llegado a estos extremos–. Aquí somos unos completos inútiles. Tiene que haber algún modo de ayudar a esta gente.
Héctor se muerde el labio con fuerza.
–¿Tú te esperabas esto, Helios?
Aprieto los dientes, deseando romper algo o gritar. No me lo esperaba porque no he querido esperármelo. Porque desde niño he sabido que esta ciudad está construida sobre mentiras, pero jamás hubiera imaginado que las mentiras tuvieran consecuencias como estas.
–No –miento, sin embargo, porque aunque Héctor me caiga bien tampoco puedo confiar en él del todo–. Vámonos.
Héctor asiente y me sigue de vuelta a las fábricas. Apenas hemos estado diez minutos en el gueto, pero tengo el estómago revuelto. No creo que pueda seguir viviendo en el Centro y fingir que todo está bien. Esta gente está sufriendo porque yo estoy guardando silencio sobre todas esas mentiras que sé que existen. Porque no he querido dejar que me molesten, que arruinen mi vida perfecta.
Pero ya no puedo hacerlo más. Esto no está bien.

viernes, 27 de abril de 2018

Antes del Incendio | Willow Wannamaker

¡Hola Todos!
Hoy nos toca la tercera entrada de la serie de relatos previa a mi novela "Crónica del Incendio". "Antes del Incendio" es una serie de cinco relatos protagonizados por cinco de los personajes de la historia. Todos tienen lugar antes de los eventos que se narran en "Crónica del Incendio"; este en concreto tiene lugar once meses antes de que empiece el libro. Como quizá recordaréis si habéis leído la sinopsis, Willow es uno de los dos personajes principales de la novela... y una de los favoritos de todos mis lectores beta. También es el personaje más complejo y con más capas. 
La ilustración, como siempre, viene de la mano de Jota Ilustrador y es exactamente como imaginaba a mi chica guerrera. Y el gallego es cortesía de mi queridísima Lia, porque como hubiera dependido de mí Neira hubiera sido un desastre. Dadle las gracias por habernos salvado a todos de un horror estereotipado.
¡Espero que os guste!

Willow Wannamaker

Vinland

La nieve cubre cada centímetro de la ladera de la montaña. Incluso de noche puedo ver perfectamente sin necesidad de pyro, porque el blanco refleja la luz de las pequeñas linternas portátiles que hemos colocado a nuestro alrededor. Borya, el único vinlandés del grupo, construyó un par de parapetos de nieve para que la luz no fuera muy visible desde el pueblo. De cualquier modo, el cielo está inusualmente despejado, así que la nieve refleja también la luz de las estrellas. Cada vez que las miro danzan en el cielo, formando estelas que me recuerdan a los neones de Paradise City.
A Warren.
Le lanzo una mirada aviesa al comunicador, que lleva horas en silencio. Zasha se ha ido al pueblo con la mayor parte de nuestra banda. Nos ha dejado a Neira y a mí aquí, esperando por si necesitan refuerzos o que les saquemos de una mala situación. Puedo ver las luces del pueblo, al pie de la ladera helada. El viento sacude el lugar entero como si quisiera tirar abajo la montaña. Juro que daría cualquier cosa por estar ahí abajo con Zasha y el resto, peleando. Al menos así entraría en calor.
–Puto frío –mascullo entre dientes y la carcajada de Neira me llega desde algún punto a mis espaldas.
Coitadiña –se mofa, y aunque no entiendo qué djinns ha dicho la burla está implícita en su tono de voz.
–No me hables en nóvense –resoplo, mientras Neira vuelve a reírse–, ¿o quieres que empiece a darte órdenes en paradisíaco?
–No es novense, Wannamaker –replica mientras salta al suelo desde el parapeto en el que estaba encaramada–. Y por mucho que Zasha diga que eres la segunda al mando, eso es algo que tienes que ganarte.
–Como si yo quisiera algo de vosotros –escupo, mientras cojo el comunicador de nuevo–. Zasha. ¿Lo tenéis ya o no?
Solo recibo estática como respuesta. No puedo ni plantearme que a Zasha Záitsev, el único amigo que me queda sobre la faz de la tierra, el jefe de mi banda de mercenarios, la persona que me ha traído a luchar a Vinland, le haya pasado algo. Asumo que estarán intentando hacer alguna operación retorcida de esas que ingenia Borya.
La verdad es que no tengo ni idea de qué va esta guerra, ni me importa una mierda. Hace casi un año que Zasha me ofreció un puesto en su banda, lo que significaba viajar a un lugar lejos de Paradise City y de la posibilidad de acabar con la katana de Warren en las tripas. Eso era todo lo que necesitaba saber. Eso, y que había una paga, claro. ¿Qué me importa a mí si el gobierno es cruel o si los rebeldes sufrían bajo el yugo de nadie? El que paga hace la ley, eso lo aprendí en las calles hace tiempo.
–¿Todos los outsiders ponéis esa cara de asco cuando pensáis o eres tú sola?
–¿Todos los novenses tenéis diarrea verbal o eres tú sola, Neira?
La rubia novense me responde con una risilla y siento como se deja caer en la nieve a mi lado, sujetando su rifle de francotiradora entre las manos. Podría decirle que Zasha le ha ordenado que vigilase desde lo alto del parapeto y que no debería abandonar su puesto. Pero ser jefe es el trabajo de Zasha, no el mío.
–Sabes, siempre me he hecho muchas preguntas sobre los outsiders.
Le respondo con un gruñido molesto mientras empiezo a frotarme las manos y echarme el aliento sobre ellas, tratando de recuperar algo de sensibilidad en los dedos helados, pero sin mucho éxito.
–Todo eso de que maestro y aprendiz tengan que matarse el uno al otro… es un poco melodramático, ¿no?– insiste.
Le lanzo la mejor de mis miradas asesinas sin poder evitarlo.
–¿Qué djinns te ha contado Zasha?– escupo, buscando mi látigo en mi cadera antes de darme cuenta de que está enrollado al fondo de mi mochila, porque se supone que ya no soy una outsider y no debería usarlo.
Aunque el tatuaje sobre la ceja no va a desaparecer así como así.
–Nada, nada –responde Neira alegremente, como si no se diera cuenta de que estoy deseando cargármela–. Es curiosidad, pero vamos, se ve que el dramatismo es requisito para entrar en el gremio. Qué pose de asesina a sueldo…
Su forma de meterse conmigo me recuerda a Warren y no puedo evitar una media sonrisa. En menos de un segundo, observo su postura y la distancia con el hueco de salida en el parapeto y sonrío más ampliamente.
–¡Eh! –protesta Neira cuando le asesto un golpe seco en la parte alta del brazo.
Resbala hacia atrás en la nieve mientras suelta el rifle y sus dedos buscan algo a lo que agarrarse. La nieve se desmorona entre sus dedos y abre los ojos muy ampliamente, casi con pánico, mientras se precipita al vacío por el hueco.
La agarro por el tobillo justo antes de que empiece a rodar ladera abajo.
        –Qué merda tés! –me grita con rabia en ese maldito idioma que no hablo–. Mira merdeira, ou subes a corda, o xúrote que fago un caldo cos teus ósos…
        –¿Te suelto entonces?
Neira me mira en silencio, con un gesto que mezcla el enfado con una chispa de diversión.
No debería cogerle cariño a esta gente. No debería cogerle cariño a nadie.
La nieve en torno a Neira se vuelve luminiscente, arrancando mil destellos al aire, envolviendo su figura despatarrada como un velo de luz. Entrecerrando los ojos, aparto la vista de la escena y miro hacia el interior del parapeto, donde el reflejo rojizo de las linternas portátiles en la nieve me recuerda demasiado al filo de la katana de Warren.
Warren.
–¿Vas a subirme o no? –protesta Neira, y tiro de ella bruscamente.
La rubia se queda un momento tendida boca arriba, recuperando el aliento con expresión de desconcierto.
–Eres el bicho más raro que he visto nunca, Wannamaker.
–Es por el prestigio –murmuro, con la vista aún fija en los reflejos rojizos que me hacen pensar en Warren–. Por mantener el equilibrio, también. Al principio los outsiders no eran como ahora, había más de trece. Una mujer alzó a casi cien contra una de las grandes corporaciones. Perdió, pero estuvo a punto de ganar. Desde entonces nunca ha habido más de trece de nosotros a la vez, para que nunca seamos tantos que pudiéramos destruir a una corporación.
Neira asiente, pensativa. Por lo que sé, pasó parte de su adolescencia en Paradise City como mercenaria, así que las corporaciones habrán sido su día a día. Hoy matas para Prometeo, mañana espías para Nova. Grandes empresas que gobiernan Paradise City con mano de hierro, con una remota apariencia de legalidad de cara a las otras ciudades-estado.
Basura criminal, nada más.
–Pero en mi mundo todo tiene que ver con el prestigio –continúo, y realmente no estoy segura de si se lo estoy contando a Neira o estoy… ¿qué estoy haciendo? –. Me llamas dramática, pero no entiendes que el miedo es parte de lo que vendemos. Terror. “Enviaré a un outsider a por ti” es una amenaza efectiva porque la gente nos teme. ¿Prefieres un tiro en la cabeza o que te dé latigazos con una cadena al rojo vivo, que cada latigazo venga acompañado de una descarga eléctrica hasta que mueras por las heridas o por un infarto?
–Recuérdame que no te cabree nunca, Wannamaker –masculla Neira mirándome de reojo–. ¿Y qué tiene eso que ver con matar a los aprendices?
–¿Qué te da más miedo, un tipo que cría a un chaval desde su infancia y lo convierte en mercenario o el tipo que cría a ese niño y lo mata sin piedad al llegar el momento en el que ya no le es útil? –pregunto, poniendo los ojos en blanco–. Es un equilibrio delicado, porque un aprendiz mediocre puede costarte la vida en una misión, pero uno excepcional…
–Ya –me interrumpe Neira–. ¿Quién carallo querría entrenar a alguien que acabará matándote?
Warren.
–La cosa es si quieres un aprendiz de mierda que pueda costarte la vida en una misión, o uno que te mantenga con vida hasta poder hacerse con tu puesto –mascullo, mientras me fijo en que la luz de las linternas comienza a desparramarse por la nieve como fuego líquido, alcanzando el parapeto y los pies de Neira.
Brilla tanto que creo que me van a llorar los ojos.
–Estáis como putas regaderas, Wannamaker –escupe Neira, pero antes de que termine de hablar el pueblo al pie de la montaña se ilumina súbitamente.
El sonido tarda aún unas milésimas de segundo en llegar, pero entiendo que Zasha y los demás están teniendo problemas.
Cona! –exclama Neira, cogiendo su rifle y apartándose el pelo empapado de los ojos.
–Zasha –llamo por el comunicador, ignorándola–. Zasha, ¿qué djinns ha pasado? ¿Qué hay ahí abajo?
Por el comunicador solo recibo estática, pero del pueblo nos llega el inconfundible sonido de los disparos. Eso quiere decir que, como mínimo, algunos de los nuestros están vivos.
–¿Tenemos que ir a salvarle el culo a tu novio? –pregunta Neira, acercándose a la salida del parapeto.
–No es mi novio, novense –bufo mientras me acerco a ella y le doy un empujón para que baje.
Sin embargo, no parece en absoluto intimidada.
–Con lo encantadora que eres, me pregunto por qué será.
No respondo a la provocación. La aparto con brusquedad y empiezo a bajar por la ladera, viendo la luz naranja de las explosiones derramarse sobre el cielo nocturno y mezclarse con el blanco brillante de las estrellas. Es tan bonito que por un momento me pregunto si no podría sencillamente quedarme aquí, contemplándolo.
Sacudo la cabeza. Las cosas bonitas no sirven de nada. No debería importarme la seguridad de Zasha. No debería caerme bien Neira. Al final todos me traicionarán, al final todos me apartarán de su lado cuando dejen de necesitarme. Así son las cosas.
Así han sido siempre en Paradise City.

viernes, 13 de abril de 2018

Antes del Incendio | Warren Lighthouse

¡Hola Todos!
Como muchos ya sabréis y muchos otros no... en mayo se publicará mi segunda novela de ficcion, "Crónica del Incendio". Es una novela de ciencia ficción juvenil postapocalíptica bastante movidita, aquí os dejo la sinopsis:
Año 2177. Tras pasar por la Tercera Guerra Mundial, una catástrofe nuclear y la crecida del océano, el planeta Tierra parece haber alcanzado un periodo de calma. Los pocos humanos supervivientes se organizan en ciudades-estado de poco más de mil habitantes, tratando de sobrevivir sin agotar los escasos recursos que les quedan.
En la Ciudad Nueva, Luna Riversong, una estudiante huérfana de diecisiete años nacida en el gueto, lucha por seguir adelante en una dictadura en la que cada segundo de su vida es grabado y analizado por cámaras de vigilancia. Mientras agacha la cabeza y trata de abrirse camino en un mundo al que muchos consideran que no pertenece, la rebelión comienza a fraguarse en su entorno… y en el corazón de Luna.
Al otro lado del mundo, en la helada tierra de Vinland, Willow Wannamaker lucha en una guerrilla sin cuartel. Criada en las calles, sin pistas sobre sus orígenes y entrenada como asesina a sueldo, Willow no se detendrá ante nada con tal de sobrevivir a cada nueva batalla… o de volver junto al amante que dejó atrás y al lugar donde nació. La más oscura de las ciudades-estado: Paradise City.
Mientras Luna comienza a avivar las llamas de la rebelión, Willow se lanza en un viaje a través de medio mundo en busca de una vida mejor. A través de sus ojos nos asomaremos a un futuro incierto, oscuro y despiadado.
Un futuro a punto de arder
Si os ha gustado esta sinopsis, quizá os interese lo que viene ahora... desde el día de hoy hasta la fecha de publicación de la novela, iré subiendo cinco relatos cortos previos a la historia principal, cada uno de ellos centrado en uno de los cinco personajes principales e ilustrado por el maravilloso Jota Ilustrador. Hoy le toca el turno a Warren Lighthouse. Espero que os guste.

Warren Lighthouse 

Paradise City

No puedo dejar que esto pase.
El piso franco es diminuto, o quizá me lo parece porque he estado recorriéndolo arriba y abajo desde hace horas. El salón solo tiene una mesa con un par de sillas y un sofá roñoso en el que he dejado tirada mi katana enfundada. Me muero por salir y hacer probar a alguien mi filo, pero no encuentro fuerzas para salir ahí fuera y ser quien soy.
Joder, me encanta mi vida. Me encanta ser el mejor en lo que hago, me encanta que mi nombre sea una leyenda que se murmura con miedo en los callejones de la ciudad. Me encanta cada detalle de lo que tengo ahora y por todos los djinns, me ha costado mucho llegar hasta aquí.
¿Y voy a mandarlo todo a la mierda por una chica?
Dejo de dar vueltas por el salón como un desquiciado y me dejo caer en el sofá, recorriendo con el índice derecho la forma del tatuaje que tengo sobre la ceja. Aunque no lo vea, conozco de memoria todas y cada una de las aristas que hay grabadas en tinta verde sobre mi ceja. Ser digno de la espiral y de todo lo que representa me ha costado más de lo que nadie puede llegar a imaginar.
Soy un outsider. La mera palabra provoca pavor entre los habitantes de Paradise City, pero a mí nunca me hizo sentir semejante cosa. Me hizo sentir anhelo, deseo y envidia. Hizo que, desdeñando la seguridad del burdel donde me habían criado las amigas de mi madre, buscase un maestro que pudiera entrenarme para convertirme en aquello que todos temían. He luchado desde niño para que no haya absolutamente nada fuera de mi alcance y no hay un outsider mejor que yo en toda la maldita ciudad.
Me levanto de golpe y cojo un cuchillo de la mesa, uno de los de Will. ¿Cuántas veces le he dicho que no deje sus armas tiradas por todas partes?
Es terca. El mero pensamiento me hace sonreír. Es terca, no sabe obedecer y no quiere aprender a hacerlo. Es demasiado temeraria, es demasiado impulsiva, tiene demasiados escrúpulos y una sonrisa preciosa.
¡Mierda! – mascullo mientras lanzo el cuchillo contra la pared de enfrente.
Se hunde profundamente en la pared y me quedo mirándolo fijamente. Maldita sea, Will. Cruzo la habitación en dos zancadas y arranco el cuchillo de la pared de un tirón seco, arrancando un buen trozo de yeso. Por más que lo intento, no puedo imaginarme clavándoselo a Will más de lo que podría clavármelo a mí mismo.
Lo cual significa que ella será quien acabe conmigo.
¿Pero quién cojones ideó este sistema tan enfermizo?
De acuerdo, somos una élite de asesinos. Vale, no debería haber más de trece de nosotros a la vez. Pero todo esto que maestro y aprendiz se enfrenten a muerte cuando el aprendiz cumple los diecinueve y solo uno sobreviva es una puta locura. Supongo que la solución será coger aprendices mayores de diecinueve, pienso con amargura mientras vuelvo a lanzar el cuchillo, que se hunde en el mismo punto que la vez anterior pero más profundamente. Quiero destrozar algo, quiero matar a alguien.
Will cumple diecinueve en tres días o eso dijo cuando la recogí. Quizá ya los tenga, con los niños abandonados nunca se sabe. Entonces no tendría que matarla. Tal vez ella podría renunciar a lo que es, quitarse el tatuaje y… Djinns, me río solo de pensarlo. Will renunciando a ser una outsider. Will renunciando a ser una mercenaria de élite, Will borrándose el tatuaje y dejando de ser la asesina lenguaraz que es. No puedo imaginármelo y tampoco tengo claro que pudiera quererla si ella fuera de otra manera.
Mataría a cualquiera antes que matar a Will. Pero no quiero dejar de ser un outsider.
A eso se reduce todo. Matar a la única persona que me entiende, que me acepta tal y como soy, que no mira mis ojos rasgados como una rareza. La única persona que no me teme. ¿Cómo podría matarla?
Pero luego pienso en todo lo que he pasado para llegar hasta aquí y todo lo que ella ha pasado para llegar hasta donde está.
Si yo fuera ella, no me dejaría con vida.
Matarla o que me mate. O intentar no hacerlo, no enfrentarnos el uno al otro y tratar de seguir con nuestras vidas… y que todos los outsiders de Paradise City se nos echen encima y nos maten a ambos por desobedecer los códigos de la ciudad.
Arranco el cuchillo de la pared de un tirón seco.
¿Es que esta habitación se ha vuelto aún más pequeña?
Recojo mi katana del sofá con brusquedad, tirando el cuchillo de Will al suelo mientras me sujeto la funda a la espalda. Necesito una buena pelea, necesito una dosis de pyro, necesito…
Oigo la puerta abrirse bruscamente. No me doy la vuelta.
–¡Warren!
Me giro. En el umbral de la puerta principal está Will, con su melena recogida en una larga trenza negra que me hace pensar en su látigo, sus ojos de un azul que parece una alucinación producida por la pyro y la cicatriz blanca sobre sus labios casi desaparecida en su sonrisa.
¿Dónde vas? – pregunta mientras empieza a dejar armas en la mesa con aire relajado.
La miro sin saber qué responder. Sabe perfectamente la edad que tiene. Sabe perfectamente lo que eso significa. Pero ahí está, hablándome como siempre, tranquila y  alegre como si todo estuviera bien entre nosotros.
¿Quiere que baje la guardia?
Sin pensar, agarro una de las ampollas de pyro de mi cinturón y pulso el botón que despliega la aguja. Will aparta la mirada del chaleco de kevlar que estaba desabrochándose, mira mis manos, me mira a la cara y da un paso atrás, acercándose a la mesa y al látigo que ha dejado sobre ella.
Warren… – murmura mientras su mano se acerca lentamente a su propio cinturón, a sus propias dosis de pyro.
Me clavo la aguja en el pliegue del codo sin apartar la vista de ella, pendiente de cualquier movimiento que haga. Siento la droga correr por mis venas como un torrente, ralentizando los latidos de mi corazón, agudizando súbitamente todos mis sentidos. Puedo ver la palidez de Will, puedo oír su respiración agitada. Todos mis músculos vibran con energía contenida y el peso de la katana a mi espalda ya no es nada. Podría cruzar las dos zancadas que nos separan en un segundo, podría matarla tan rápido que ni se daría cuenta de lo que está pasando.
Pero es Will.
No – susurra ella, pero recoge su látigo de la mesa y lo empuña con firmeza–. No tienes por qué hacer esto.
Sí tengo por qué hacerlo.
No tenemos…
¡Vete! – le grito mientras salto hacia ella, desenfundando la katana.
Will bloquea el golpe con la empuñadura de su látigo y me da una fuerte patada en el estómago, aunque la pyro hace que apenas la note. Empujo el filo de mi katana contra ella, aunque no lo enciendo. ¿Por qué no hacerlo? El calor le haría soltar el látigo. Podría matarla.
¡No! – grita Will con furia, y veo como con la mano izquierda coge una de sus propias ampollas de pyro–. ¡Basta ya!
Le clavo la rodilla en el estómago, tratando de detenerla, pero ella aguanta el golpe y se clava la ampolla de pyro en el punto de unión entre el cuello y la clavícula, su lugar favorito para inyectarse.
Joder, cuántas veces no me he imaginado besándola ahí.
Me aparto de ella de un salto, sintiendo que pese a la pyro y pese a todo, mis huesos no son lo bastante fuertes como para sostener mi cuerpo. Will se agazapa con el látigo listo y cuando lo enciende infinidad de rayos de electricidad recorren su cadena plateada. Me mira con una mezcla de ira y dolor que no puedo soportar.
Miro por la ventana. Los neones de Paradise City se extienden casi hasta el horizonte, donde se rinden al desierto y a la noche. Allí se pueden ver las estrellas. He llevado a Will a verlas un millón de veces.
Lárgate, Will – susurro sin apartar la vista de la ventana. El reflejo del rostro de Will está atravesado por las luces de mi ciudad-estado. Seguramente son esas luces las que crean la ilusión de que tiene las mejillas cubiertas de lágrimas. Es difícil decirlo bajo los efectos de la pyro–. Vete. No me obligues a hacer algo que no quiero hacer.
No tenemos que…
¡Vete! ¡Lárgate! ¿Qué es lo que no estás entendiendo, mocosa callejera? ¡Te he dicho que te vayas, que no te quiero cerca! Ya no eres útil, ¡ya no te necesito! – estallo, pero me niego a mirarla.
Me niego a mirarla porque sé que no me va a creer.
O porque quizá lo haga y no pueda soportar la decepción en su rostro.
Ni siquiera con todos mis sentidos aguzados por la pyro la oigo marcharse. Solo oigo el ruido de la puerta al abrirse y cerrarse de nuevo, muy suavemente. Cuando recorro el salón con la mirada me doy cuenta de que solo se ha llevado su látigo y el cuchillo que he estado lanzando contra la pared, nada más.
Entro en la habitación donde suele dormir cuando nos quedamos en este piso. Es evidente que ella ni siquiera ha pasado por aquí antes de irse, porque sigue siendo el mismo desastre que cuando la dejó esta mañana para ir a solucionar un asunto para la Corporación Prometeo. La cama sigue revuelta. Mis sentidos agudizados perciben rastros de ella en todas partes: su olor en el aire, un par de cabellos sobre la almohada, una huella de su mano en la ventana.
Todo se reduce a matarla, que me mate o que nos maten a los dos.
Me siento en su cama, desaparecida ya toda furia. De pronto solo estoy muy cansado, aunque sé que la pyro no me dejará dormir. En cualquier caso, no es ese tipo de cansancio. Cierro los ojos y aprieto los dientes con todas mis fuerzas mientras trato de apartar los ojos de Will de mi mente.
Aunque sé que no voy a ser capaz.